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viernes, 25 de junio de 2010

La Dame aux Camélias (1848) Alexandre Dumas fils


La dama de las camelias (primera publicación en 1848) es una novela firmada por Alejandro Dumas (hijo). Esta obra está inspirada en un hecho real de la vida de Alejandro relativo a un romance con Marie Duplessis joven cortesana de París que mantuvo distintas relaciones con grandes personajes de la vida social. La novela pertenece al movimiento literario que se conocería como Realismo, siendo de las primeras que formarían parte de la transición del romanticismo.

La novela está ambientada en París, y otros lugares campiranos cercanos. Podríamos ubicarla alrededor de 1840, bajo la monarquía de Luis Felipe de Orléans. La Duración de la trama es de aproximadamente tres años, aunque sólo durante un año existe acción. La obra comienza con los funerales de Margarita Gautier, protagonista de la obra.

Los principales temas de la novela son: la prostitución reflejada en la vida de la protagonista Margarita Gautier, sus costumbres y amistades. Por otro lado encontramos la abnegación en diversos actos de la protagonista, sobre todo con respecto a su amor por Armando Duval.
También la obra critica los prejuicios sociales, que radican en el rechazo social de aceptar a Margarita, principalmente se representan en el padre de Armando Duval, quien le exige sacrificios. Por último, encontramos en menor medida, los celos y la venganza en el personaje de Armando Duval.
Coexisten dos narradores en la novela, por una parte un Narrador editor quien conoce al narrador protagonista, Armando Duval. Está escrita en un lenguaje sencillo y estructurada en veintisiete capítulos sin títulos.



Personajes principales:

  • Margarita Gautier (La Dama de las Camelias): Es la protagonista, enamorada de Armando Duval, sin familia, es una chica cortesana del rey, está relacionada con muchos caballeros, entre los que destacan el Duque y el conde. Nació en el campo, pero abandonó a su familia para vivir en París, donde se destacaría por su vida licenciosa y sus grandes gastos, además de por siempre estar acompañada de un ramo de camelias; era una joven muy hermosa, pero bastante enfermiza. Aunque parece adolecer de superficialidad, con el avance de la obra se presenta como una mujer enamorada, sencilla y sobre todo abnegada. Se enamora de Armando Duval, primero condicionándole que le dejara vivir como le pareciera y portándose obediente ante sus mandatos, pero termina por abandonar todas sus costumbres licenciosas para vivir de forma estable con Armando Duval. Sin embargo, el padre de éste le rogaría que deje a su hijo, lo que constituiría su último sacrificio. Regresa a su vida licenciosa, simplemente para acelerar su penosa y solitaria muerte, causada por la tisis, que venía arrastrando desde hacía tiempo.
  • Armando Duval: Joven que se enamora de Margarita. Desde el primer encuentro la amó a escondidas, y fue el primero en preocuparse por la salud de la joven, gracias a lo que obtuvo su amor. Nunca aceptaría en su totalidad la condición de Margarita, aunque durante cierto período toleró vivir con el dinero de los otros amantes de la hermosa joven. Finalmente lograría que ella abandone su vida licenciosa, pero posteriormente al verse abandonado y sentirse traicionado, cortejaría a Olimpia, otra mujer de condición semejante, con el único objetivo de hacerle daño a su verdadero amor. Luego se enteraría que el “engaño” de Margarita era sólo otra prueba de su amor, lo que lo dejaría desolado.

Dios es justo e inflexible

Querido Armand: He recibido su carta, y doy gracias a Dios porque está usted bien.

Sí, amigo mío, yo estoy enferma, y de una de esas enfermedades que no perdonan; pero el interés que aún se toma usted por mí disminuye mucho mis sufrimientos. Sin duda ya no viviré el tiempo suficiente para tener la suerte de estrechar la mano que ha escrito la bondadosa carta que acabo de recibir, y teas palabras me curarían, si algo pudiera curarme. Ya no lo veré más, pues estoy a un paso de la muerte y a usted lo separan de mí centenares de leguas. ¡Pobre amigo mío! Su Marguerite de antaño está muy cambiada, y quizá es preferible que no vuelva a verla antes que verla como está. Me pregunta usted si lo perdono. ¡Oh, de todo corazón, amigo mío, pues el daño que usted quiso hacerme no era más que una prueba del amor que me tenía! Llevo un mes en la cama, y tengo en tanta estima su aprecio, que todos los días escribo el diario de mi vida desde el momento de nuestra separación hasta el momento en que ya no tenga fuerzas para escribir.

Si su interés por mí es verdadero, Armand, a su regreso vaya a casa de Julie Duprat.

Ella le entregará este diario. En él encontrará la razón y la disculpa de lo que ha pasado entre nosotros. Julie es muy buena conmigo; a menudo las dos juntas charlamos de usted.

Estaba aquí cuando llegó su carta, y lloramos al leerla.

En caso de que no me dé usted noticias suyas, ella queda encargada de enviarle estos papeles a su llegada a Francia. No me lo agradezca. Este volver todos los días sobre los únicos momentos felices de mi villa me hace un bien enorme, y, si usted va a encontrar en su lectura la disculpa del pasado, yo encuentro en ella un continuo alivio.

Quisiera dejarle algo para que me tuviera usted siempre en su recuerdo, pero todo lo que hay en la casa está embargado y nada me pertenece.

¿Comprende usted, amigo mío? Voy a morir, y desde mi dormitorio oigo andar por el salón al vigilante que mis acreedores han puesto allí para que nadie se lleve nada ni me quede nada en caso de que no muriera. Espero que aguarden hasta el final para subastarlo.

¡Oh, qué despiadados son los hombres! No, me equivoco, es mejor decir que Dios es justo e inflexible.

Pues bien, querido mío, venga usted a la subasta y compre cualquier cosa, pues, si apartara yo el menor objeto para usted y se enterasen, serían capaces de denunciarlo por ocultación de objetos embargados.

¡Qué vida tan triste la que dejo!

¡Si Dios permitiera que volviera a verlo antes de morir! Según todas las probabilidades, adiós, amigo mío; perdóneme que no le escriba una carta más larga, pero los que dicen que van a curarme me agotan con sangrías, y mi mano se niega a escribir más.

Marguerite GAUTIER

La Dame aux camélias (1848) Alexandre Dumas fils